Introducción a la salinidad por SIAGRO

La salinidad, dependiendo de su origen (tipo) y cantidad, puede generar leves o serios problemas para la productividad y rendimiento de los cultivos. La salinidad se considera básicamente como una cantidad de sales disueltas en agua, en este caso, hablamos de sales disueltas en el suelo.

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Estas sales pueden tener dos efectos dependiendo su cantidad y tipo:

  • Efectos Directos: Disminución de la absorción de agua y toxicidad de iones por elevada concentración.
  • Efectos Indirectos: Antagonismo entre iones y afecta la estructura del suelo.

Cualquier elemento puede considerarse tóxico si las cantidades son elevadas, por ejemplo, puede darse una toxicidad por cobre, pero normalmente en suelos salinos, las toxicidades más comunes se dan por el sodio, cloro y boro, que son nutrientes no esenciales para las plantas, o nutrientes que se requieren en bajas concentraciones. Cada cultivo tiene una sensibilidad particular a las sales, dependiendo de su origen, clima, variedad, patrón, entre otros. Por lo anterior, es común encontrar tablas, en algunos casos poco o muy detalladas, sobre los factores anteriormente mencionados y la pérdida en rendimiento.

Las sales al competir con los nutrientes generan un efecto de pérdida de productividad, es decir que los cultivos o los agroecosistemas son poco eficientes en la utilización de los recursos que se le aplican. En el caso de incorporar un fertilizante que tiene una eficiencia de un 40%, tendremos que ajustar este valor de eficiencia a uno menor, y obligarnos a colocar más fertilizantes. Bajo este escenario, por un lado, es preocupante, ya que al incluir más fertilizante en los cultivos, aumentamos la conductividad eléctrica, y esto conlleva a que mayores son las probabilidades de aumentar la toxicidad o generar distintos tipos de pérdidas.

Hay que tener presente que no todas las condiciones de salinidad son malas. Existen dos tipos básicos de afectación de sales, en que algunos son muy difíciles de manejar y generan serios problemas en los rendimientos y productividad, mientras que otros, pueden incluso llegar a alcanzar rendimientos aceptables y que su manejo de corrección es sencillo. A continuación, detallamos ambos tipos de situaciones que nos podemos encontrar:

  • Suelo Salino-Sódico: Aquellos que tienen una alta cantidad de sodio. El sodio en los suelos genera dispersión de la estructura del suelo, formación de costras, dispersión de la materia orgánica, toxicidad por sodio al ser un elemento que se requiere en pocas cantidades por las plantas. Lo anterior conduce a que el suelo no pueda respirar, a la destrucción de la microbiología de suelo y a la toxicidad de las plantas, entre otros efectos. Estos suelos son muy difíciles de recuperar, por tanto, hay aplicar enmiendas y realizar lavados
  • Suelo Salino: Aquellos que son salinos, pero que el contenido de sodio es mucho menor al anterior. Esta menor cantidad de sodio y predominancia de otras sales permite que la estructura de suelo no se vea afectada y, por ende, la materia orgánica y la microbiología, tampoco. Son suelos que pueden generar toxicidades a las plantas por otras sales, pero que la corrección de estos suelos se hace con un simple lavado.

Algunos factores que previenen la acumulación de diversas sales, podemos encontrar:

  • Baja concentración de sales en el agua
  • Napa freática profunda
  • Buen manejo de agua que permita el lavado
  • Suelos con buen drenaje: profundos y uniformes
  • Topografía uniforme
  • Correcto uso de fertilizantes y enmienda
  • Riegos frecuentes
  • Fracciones de lavado de sales
  • Entre otros

Todos estos tópicos mencionados en este escrito se detallarán en el siguiente video.

Cristián Silva.
Angela González.

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